Considerados por muchos ciclistas profesionales como uno de los avances tecnológicos más importantes para el desarrollo de este deporte, los pedales automáticos cuentan ya con varias décadas de historia y siguen siendo indispensables a la hora de conseguir un pedaleo eficiente y sin lesiones.
Corría el año 1984 cuando la firma francesa Look lanzó los primeros pedales automáticos para bicicletas de carretera… y tan sólo un año después el gran Bernard Hinault ganaba su último Tour de Francia sobre unos pedales de este tipo. Desde entonces, y de forma progresiva, este tipo de anclaje zapatilla-pedal, inspirado en el mundo del ski, se fue implantando en el pelotón profesional, donde ya en 1991 prácticamente el 100% de los ciclistas lo utilizaban. A nivel aficionado y cicloturista no tardaría mucho más en extenderse.
Y es que las ventajas de este sistema quedaron patentes desde el primer momento. Por ejemplo, el hecho de sacar el pie o ‘desengancharse’ era mucho más sencillo que con el primitivo sistema de calapié, correas y rastrales. Ahora bastaba con girar el tobillo hacia el exterior para liberarse. Con los automáticos, además, al prescindir de cualquier tipo de correa por encima del pie, a la altura del empeine, se eliminaba el consiguiente perjuicio que este sistema suponía para el riego sanguíneo.
Los años fueron pasando y otras marcas lanzaron sus propios sistemas y patentes, muchos de los cuales todavía se mantienen en la actualidad. Tal es el caso de Shimano, Time o Speedplay (los únicos de doble cara en carretera). Todos ellos, además, permiten graduar tanto la dureza del enganche, facilitando más o menos la liberación de la zapatilla, en virtud de nuestra seguridad o las necesidades de la ruta, así como un pequeño margen de movimiento lateral del tobillo, a través de calas o separadores de diferentes colores, y que suele variar entre los 0 y los 15 grados de angulación. Un rango lo suficientemente amplio como para que cada ciclista encuentre el estilo que mejor se adapte a su pedaleo y que, a su vez, le permite evitar las lesiones que pueden derivarse de un anclaje excesivamente fijo.
Los pedales automáticos también inundaron muy pronto el mundo del mountain bike, eso sí, con modelos adaptados a las circunstancias de esta modalidad (polvo, barro, agua, golpes habituales…) y siempre con el sistema de anclaje de doble cara, es decir, por los dos lados del pedal, facilitando así el enchanche en condiciones difíciles (por ejemplo, en zonas de trialeras o en subida pronunciada).
En cualquier caso, ya sea en carretera o mountain bike, los pedales automáticos contribuyen a un pedaleo más eficaz, más redondo, y permiten que el pie vaya siempre en la misma ubicación –en paralelo al pedalier y con el eje del pedal justo debajo del metatarso- evitando de esta forma posibles lesiones.
El estudio biomecánico avanzado Younext Bike, entre otros aspectos, consta de una prueba que determina la rotación y posición exacta óptima de las calas para cada deportista en función de su forma de pisar y de su zapatilla. Algo básico para prevenir lesiones, ya que este gesto afecta a la alineación del eje tobillo, rodilla y cadera.
Además, gracias a su sistema de plantillas sensorizadas, se analizan en tiempo real las presiones de las huellas plantares en el momento de ejercer el pedaleo, lo que permite aconsejar correcciones que ayuden a mejorar la pedalada.
