Cada vez son más los ciclistas que acuden a la consulta por la aparición de dolores y adormecimiento de los pies. Estos problemas pueden deberse a diversas causas pero en este post vamos a analizar cómo el tipo de zapatilla que se utiliza al montar en bicicleta puede provocar estos problemas.
Comenzamos con un dato que nos llama la atención y es que, en bicicleta de montaña, también conocida como mountainbike (MTB), no hay tanta incidencia de este tipo de dolores. El calzado de MTB es menos rígido que el que se utiliza en carretera, ya que en MTB, el terreno es más variable y, por lo tanto, se ejerce toda la presión con la misma posición sobre los pedales, lo cual acaba provocando estos problemas si las zapatillas son muy rígidas o estrechas.

Por ello, para saber qué tipo de zapatilla debemos utilizar, hay varias consideraciones que debemos tener en cuenta para poder realizar muchos kilómetros, disfrutar de la salida y no sufrir estas molestias. Por este motivo, os dejamos 3 consejos sobre cómo elegir la zapatilla de ciclismo correcta.
1. ANCHURA DE LA ZAPATILLA
La zapatilla de ciclismo debe ser tan ancha como nuestro antepié o incluso un poco más, ya que, cuando aplicamos la fuerza sobre pedales, el antepié se ensancha. Por lo tanto, si existe este margen podemos evitar, en gran medida, el famoso pie recalentado.
Una comprobación muy sencilla para saber esto es sacar la plantilla de la zapatilla y poner nuestro pie encima. Si tu pie sobresale, la zapatilla será demasiado estrecha para ti. También hay que tener en cuenta que, en invierno, se lleva un calcetín más gordo y que en verano el pie se hincha por el calor.
En el artículo «¿Cómo afecta el calor a tus pies?» puedes descubrir los motivos por los que sucede esto.
2. TALLA ADECUADA DE LA ZAPATILLA
Respecto a la talla, lo recomendable es que sea un número más, pero sería suficiente con que los dedos no tocasen con la puntera al pedalear. Para esto, lo ideal es probárselas en la tienda, ponerse de pie y hacer un poco de fuerza para ver qué ocurre dentro de la zapatilla y si tiene un pequeño espacio.
Es importante que, sobre todo, en la zona de los dedos, la zapatilla tenga holgura, ya que estas partes del pie deben ir ajustadas, pero no aprisionadas. Además, hay que prestar especial atención a esto puesto que la mayoría de los ciclistas usan plantillas personalizadas para un mayor confort y rendimiento.
Un experto debería aconsejarse sobre qué zapatilla de ciclismo necesitas para evitar problemas ya que son nuestras compañeras durante muchos kilómetros.
3. TIPOS DE CIERRES
La funcionalidad de un cierre es sujetar el pie perfectamente evitando así que este se desplace dentro de la zapatilla. Cabe destacar que el ajuste tiene que ser moderado en el empeine, es decir, que no cause un exceso de presión en esa zona.
Existen diferentes sistemas de cierre, pero el más extendido es el de BOA, ya que sujeta el pie a la perfección. No obstante, este tipo de cierres no es adecuado para aquellos ciclistas que tienen un pie muy cavo y un empeine prominente. Para los deportistas que posean estas características fisiológicas en el pie es mejor decantarse por un cierre que posea dos o tres partes de ajuste. De esta manera, se puede aplicar más o menos presión según la zona de molestia.
En definitiva, el tipo de zapatilla a la hora de salir en bicicleta es un factor clave ya que un calzado inadecuado puede provocar dolencias a corto y largo plazo. Por este motivo, para poder disfrutar de la bicicleta y tener un rendimiento mayor, es aconsejable seguir las claves expuestas en este artículo y preguntarle a un profesional para que te aconseje.

