Todo análisis dentro de la zapatilla va enfocado a la recogida de datos del ante pie del ciclista y solo nos valdrá como dato principal el apoyo sobre las cabezas metatarsales y el apoyo uniforme del primer dedo. Los demás dedos irán perdiendo fuerza relativa hasta acercarse al quinto dedo, donde la fuerza o presión que ejerza este último dedo es mínima o nula. En este tipo de análisis también determinaremos si el puente del pie se deforma lo suficiente como para corregirlo.
Para nosotros uno de los datos más importantes, y que no se suelen tener en cuenta, es el grado de deformación de los puentes de los pies. Uno de los patrones generales por excelencia es la movilidad de 3 a 4 grados de deformación, por encima ya sería conveniente ajustar con algún soporte plantar o buscar una zapatilla adecuada para ese tipo de pie.
Y es que, aproximadamente un 80% de las personas tienen un pie varo (que pisa excesivamente con el borde externo de la planta del pie), que para andar o correr es bueno, pero para ciclismo no tanto, ya que se origina una gran pérdida de potencia al pedalear.
Ahora, gracias a las mantas de presión Gebiomized, ya no se nos escapan todo este tipo de dudas sobre lo que pasa dentro de una zapatilla al practicar ciclismo. Hemos pasado de un tiempo a esta parte de ‘intuir’ a ver los datos monitorizados en tiempo real y poder trabajar sobre ellos para mejorar la salud y el rendimiento del ciclista.
No hay un patrón exacto para la colocación de las calas, pero si un factor determinante como es el tobillo. Una mala angulación del tobillo respecto al eje del pedal es clave para saber si la colocación y el análisis biomecánico del ciclista son óptimos
