La biomecánica ciclista es un término con el que ya están familiarizados la mayoría de los aficionados a este deporte pero… ¿Cuál es el origen de esta disciplina científica y su especialización en el deporte de la bicicleta?
En términos generales, se conoce como biomecánica al área de conocimiento multidisciplinar que estudia los fenómenos cinemáticos y las estructuras de carácter mecánico que poseen los seres vivos, principalmente las personas. Se trata de una disciplina científica que se apoya en la experiencia de la mecánica, la ingeniería, la anatomía y la fisiología, principalmente, para estudiar el comportamiento dinámico del ser humano y los problemas que de éste puedan derivarse.
Reconocida como área de investigación autónoma desde la segunda mitad del siglo XX, habría que esperar unos años para descubrir su aplicación sobre deportes como el ciclismo. La biomecánica deportiva analiza la práctica deportiva para mejorar su rendimiento, prevenir lesiones y desarrollar técnicas de entrenamiento a medida del deportista, principalmente.
En el caso del ciclismo, los expertos en este deporte comenzaron a interesarse por la biomecánica a partir de los años 80 del siglo pasado, como herramienta para conseguir posiciones más aerodinámicas sobre la bicicleta y un pedaleo más eficiente, con el objetivo de batir récords de la hora sobre velódromo y mejorar los resultados en las etapas contrarreloj de las grandes vueltas como el Tour, el Giro o la Vuelta.

El ciclista transalpino Francesco Moser y su equipo, por ejemplo, fueron pioneros en 1984 al utilizar una bicicleta de las denominadas ‘cabra’, con la rueda delantera más pequeña, y posición del cuadro inclinada hacia delante, llantas lenticulares… con el objetivo de batir un récord de la hora que estaba en poder de Eddy Merckx desde 1972. Y lo consiguieron. A partir de aquel instante, de forma progresiva, el ciclismo entró en la modernidad… de la mano en gran medida de la biomecánica.
Geometrías y materiales pasaron pronto del velódromo a la carretera y, pese a las reticencias de ciclistas y directores de la ‘vieja escuela’, la mayor parte de los equipos fueron adoptando esas mejoras. Algunas de ellas, como los pedales automáticos, son calificadas todavía hoy como uno de los grandes avances tecnológicos en favor de la seguridad del ciclista y un pedaleo más eficiente. Sin olvidar el famoso manillar de triatleta que luciera Greg Lemond en la contrarreloj final del Tour 89… y que le llevó a arrebatar el maillot amarillo de la general de Laurent Fignon por apenas unos segundos (si bien el francés tampoco se encontraba al 100% de sus posibilidades en aquella jornada).
Muy pronto, el interés de los equipos y los ciclistas por mejorar su posición sobre la bicicleta y eficiencia de pedaleo se extendió al día a día, más allá de las contrarreloj… y a partir de los años 90 la presencia de un experto biomecánico (o varios, en las formaciones con más presupuesto…) en el engranaje de los equipos profesionales se convirtió en algo habitual y necesario para estar a la cabeza del pelotón internacional.
Por suerte, la democratización de la tecnología a lo largo de los últimos años, hace posible que actualmente cualquier ciclista, sea cual sea su nivel, pueda someterse a un estudio biomecánico para mejorar su posición sobre la bicicleta, evitar lesiones y, en definitiva, cuidar su salud ciclista.
