Tal y como decíamos en una entrada anterior de este blog, en estas fechas llega el momento de descansar o, al menos, levantar el pie del pedal durante algunas semanas para darle al organismo su merecido descanso. Pero también es inevitable comenzar a pensar en los retos que queremos afrontar durante la temporada que viene, ya sean competiciones, marchas cicloturistas o de mountain bike, o simplemente dar la talla con la grupeta en la salida de cada domingo.

La planificación del entrenamiento, por tanto, adquiere una importancia vital durante el período invernal y debemos prestarle la atención que se merece, si queremos llegar en condiciones idóneas a los picos de forma planteados para la temporada siguiente y, lo que es más importante, sin sufrir lesiones ciclistas de ningún tipo.
Históricamente, el ciclismo siempre se ha entrenado siguiendo las pautas de la planificación tradicional propia de los deportes de resistencia, es decir, trabajando una gran base aeróbica en pretemporada o invierno y, más adelante, desarrollar la fuerza. ¿Cómo conseguimos esto? Comenzando con tiradas largas y poca intensidad, para ir avanzando progresivamente hacia tiradas más cortas, pero de mayor intensidad. La fórmula siempre (o casi siempre que se aplica correctamente) funciona y los resultados son satisfactorios.
Ahora bien, salvo los que se dedican profesionalmente al ciclismo, no todos los ciclistas disponen del tiempo necesario para seguir ese plan de entrenamiento, especialmente en invierno, pues a las obligaciones propias de cada uno en el día a día (familia, trabajo, etc…), se añaden factores como el menor número de horas de luz para entrenar o las condiciones climáticas adversas de estas fechas, y que hacen sumamente complicado enlazar varias salidas en bici de 3-4 horas a lo largo de la semana.
Y es aquí donde entra en juego una alternativa conocida como planificación inversa, muy en boga durante los últimos años, especialmente desde que el equipo ciclista Sky decidiera aplicarla en sus entrenamientos de pretemporada. Como su propio nombre indica, consiste en darle la vuelta a la planificación tradicional, esto es, comenzar con salidas cortas e intensidad eleva, para evolucionar progresivamente hacia salidas más prolongadas y con menor intensidad.
A groso modo puede parecer que este tipo de entrenamiento se adapta mejor al ritmo de vida mencionado anteriormente, común a la mayoría de ciclistas, ya que permite trabajar durante el invierno en gimnasio, con rodillo en casa, o con salidas cortas en bicicleta que podemos adaptar fácilmente a nuestra agenda. Y según aumentan las horas de luz solar y mejora la climatología, podemos lanzarnos con salidas más largas, tal y como nos marca la planificación inversa.
Pero debemos ser cautos, pues no todo el mundo está preparado física y mentalmente para afrontar la planificación inversa. Comenzar los entrenamientos con elevadas cargas de fuerza requiere de un ‘motor’ adecuado, es decir, alguien que ya de por sí cuente con una gran base anaeróbica, que se encuentre en el peso adecuado y que pueda descansar adecuadamente después de cada entrenamiento, además de prestar atención especial a la alimentación. Si este es tu caso, adelante, a muchos profesionales (y no profesionales) les funciona y repiten año tras año.
Eso sí, sea cual sea tu opción de entrenamiento, te recomendamos la realización previa de una prueba de esfuerzo completa a cargo de un médico deportivo especializado, con el fin de conocer las condiciones desde las que partes… y los límites que no debes sobrepasar. Con esos datos en la mano, posiblemente te será más fácil elegir un tipo de entrenamiento u otro.
