A simple vista, puede parecer un componente secundario de la bicicleta, menos relevante que el cuadro, la transmisión o las ruedas. Pero el manillar juega un papel fundamental en la comodidad y seguridad del ciclista a la hora de pedalear.
Hay que tener en cuenta que el manillar es uno de los tres puntos donde se distribuye el peso del ciclista sobre la bicicleta –los otros dos son el sillín y los pedales-, además de ser nuestro ‘volante’ particular, el componente que nos sirve para dirigirnos hacia donde nos interesa, y donde se integra, además, otro componente básico para el control de la bici como son las manetas de cambio/freno.

Dicho esto, comprenderéis ahora mucho mejor la importancia de montar un manillar de carretera que se adapte a nuestra fisonomía y nuestro estilo de ciclismo. Si realizamos una mala elección, es probable que a los pocos kilómetros de nuestras salidas comencemos a notar molestias en cuello, hombros o muñecas… molestias que se pueden convertir en lesiones ciclistas si no son tratadas a tiempo.
En este sentido, a la hora de elegir un manillar de carretera hay que tener en cuenta tres medidas fundamentales:
- Ancho: las medidas estandarizadas van de los 36 a los 46 centímetros, de dos en dos. ¿Cómo saber qué anchura nos corresponde? Como norma general, hemos de tomar como referencia la anchura de nuestros hombros, de forma que una vez apoyados sobre las manetas, los brazos adopten una posición lo más paralela posible. No obstante, hay ciclistas que prefieren llevar manillares más anchos, para tener más control sobre la bicicleta y mejorar la respiración, así como otros eligen manillares más estrechos con el fin de ganar en aerodinámica.
- Alcance (reach): es la distancia que hay entre el eje vertical de la unión potencia-manillar y el eje de la curva del manillar donde se ubican las manetas de cambio/freno. Las medidas más habituales van desde los 75 a los 84 milímetros, lo que nos aporta una idea sobre si llevamos una postura adelantada o retrasada sobre el manillar. En este sentido, creemos que la virtud se encuentra en el término medio, ya que una postura excesivamente adelantada puede producir molestias en hombros, sobrecargas en los brazos e, incluso, que no vayamos cómodos sobre el sillín. En el caso de una postura excesivamente retrasada, pedalearemos más erguidos, por lo que la aerodinámica es la principal afectada.
- Caída (drop): simplemente, es la distancia entre la parte superior del manillar, donde solemos apoyarnos para subir sentados, y la más baja, empleada para llanear a altas velocidades o descender. Esta medida suele situarse entre los 130 y 145 milímetros. Cuanto más elevada sea esa cifra, más aerodinámica puede ser nuestra postura sobre la bici, aunque también más forzado el pedaleo. Como siempre nosotros apostamos por el equilibrio. Aerodinámica, sí, pero sin penalizar la comodidad del ciclista.
Teniendo en cuenta estos parámetros, el mercado nos ofrece tres tipos diferentes de manillares: tradicional, ergonómico y compact, siendo este último el más habitual en las bicicletas de serie actualmente, por la facilidad que ofrece a la hora de cambiar las manos de una postura a otra.
En cualquier caso, si las dudas persisten, la realización de un estudio biomecánico avanzado como Younext Bike, y los fiables datos que de él se obtienen, pueden ayudarte a elegir el manillar que mejor se adapte a tu fisonomía y estilo de pedaleo.
